La Idea de la Revolución en el s. XIX – P. J. Proudhon

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En toda historia de una revolución se tienen que observar tres cosas:

  1. El régimen anterior que la revolución trata de abolir y que en su afán para conservarse se hace contrarrevolucionario.
  2. Los partidos que, tomando la revolución desde ciertos puntos de vista, siguiendo preocupaciones e intereses diversos, se esfuerzan, cada uno, por atraerla hacia sí y por explotarla en su provecho.
  3. La revolución en sí misma, o su solución legítima.

La historia parlamentaria filosófica y dramática de la revolución de 1848, podría dar materia para muchos volúmenes; pero me circunscribiré a tratar, de una manera independiente, algunas
de las cuestiones que permiten ilustrar nuestros conocimientos actuales. Me lisonjeo que mis estudios bastarán para explicar la marcha, y hacer conjeturar el porvenir de la revolución en el
siglo XIX.

Lo que voy a trazar no es una historia, sino un plan especulativo, un cuadro intelectual de la revolución.
Llenad el tiempo y el espacio con fechas, nombres, discursos, manifiestos, proclamas, batallas, episodios, golpes de habilidad, evoluciones parlamentarias, venganzas, desafíos, etc., etc., y
tendréis la revolución en carne y hueso; tal como se ve en Buchez y en Michelet.

Por primera vez el público juzgará el espíritu y conjunto de una revolución antes de que se realice por completo: quién sabe las desgracias que hubiesen evitado nuestros padres, si, dejando aparte el azar, los hombres y los partidos, hubiesen podido leer con anterioridad su destino.
En mi exposición tendré cuidado de recurrir en lo posible a los hechos y elegiré siempre entre estos los más sencillos y vulgares: es el único medio para que la revolución social, que no ha sido hasta aquí más que un Apocalipsis, se convierta en una realidad.